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Origen de la cortina

Siempre ha sido una buena cosa el saber de dónde venimos para saber hacia dónde nos dirigimos.

En asuntos como la decoración no es una excepción, la historia de los elementos que componen una estancia es en sí misma una cuestión muy interesante y que aporta mucha luz acerca de lo que somos, de cómo nos comportamos, y de cómo habitamos los espacios. Desde el inicio del arquitectura, y especialmente desde la que se denomina “Arquitectura de interiores”, el control de la luz ha sido un elemento primordial entre el hacer elementos con los que cuenta el arquitecto de interior.

Dotar de luz al espacio, a los volúmenes, saber jugar con la luz, de cómo esta se refleja en las superficies, y en general de cómo cambia un lugar iluminado de un modo o de otro hace que algo muy importante sean los elementos que utilizamos para controlar por dónde entra esta iluminación, como interrumpimos los rayos de sol, cómo matizamos, reducimos, dirigimos o modulamos su intensidad luminosa. Estamos hablando de las cortinas. Cubren las ventanas y las cristaleras de una forma que cambia radicalmente la forma en que una estancia es iluminada. Todo arquitecto juega a ser un escultor de habitaciones. Desea controlar el modo en que los que utilizamos esas estancias circulamos, lo que sentimos al caminar, lo que nos provoca visualmente el permanecer en esa sala, o el tipo de sensaciones.

Todo ello se consigue en gran medida a través de los ojos, de lo visual, mucho más que lo táctil o lo volumétrico. El jugar con el aspecto que tienen las cosas, los reflejos en las superficies, el realzar una textura de una pared o de un tapizado, o por el contrario jugar a disimular la estrechez de un espacio con color, o a hacer más cálido un lugar frío, también el provocar sensaciones de sorpresa o de confort. Todo eso lo consigue un decorador experto a través del control de la luz que entra por las cortinas, así pues las cortinas, las humildes cortinas a las que muchas veces no se les presta la atención que sin duda se merecen, son elementos de primer nivel en el arsenal de armas con las que un decorador puede hacer su labor de decoración.

Las cortinas inicialmente tiene su origen en una obviedad: por las ventanas antes de la invención del vidrio entraba además de la luz el frío, el viento y los insectos del exterior. Colgando lienzos o telas, se conseguía el doble propósito de adorno y de protección tanto de las inclemencias del clima como de las miradas de los vecinos. Su nombre proviene del término latino “cortīna” puesto que los romanos ya protegían sus puertas y ventanas colgándolas en ellas.